¿Qué se necesita para engañar a la gente?
Todo charlatán sabe y conoce la forma de hacerlo. El asunto es: ¿qué pasa cuando la empresa privada regulada por la ley de abusos de publicidad entra al negocio de lo sobrenatural para lucrar con la credulidad y la ignorancia de las personas, como en el caso de las pulseras magnéticas?
Una mega campaña comercial de la estupidez y la estafa, donde los señores empresarios generan alianzas para promocionar un buen cuento para atrapar a todos aquellos consumidores desprevenidos, hasta que el Sernac interviene y les echa abajo el tinglado.
Y al revés, qué pasa cuando esta empresa privada no vende ya objetos específicos con poderes sobrenaturales sino que vende directamente estos poderes, y se autodenomina entonces religión?
Es de hecho una empresa comercial (por más que diga que no tiene fines de lucro) que vende conexión con la divinidad, ayuda, protección y asistencia divinas, perdón de los pecados, vida eterna, todos productos sobrenaturales. Y bien mirado, su conducta no se diferencia en nada de la que vende pulseras, y que ha sido intervenida recientemente por el Sernac.
Atribuir poderes sobrenaturales a un objeto no es de ninguna manera distinto de atribuirse los miembros de una empresa poderes sobrenaturales de conexión o de intermediación con la divinidad,
No hay diferencia entre estos tipos de negocios sobrenaturales.
Parece sí que la palabra religión otorga inmunidad
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