Cuando yo era muy joven alguien, a quien le brillaban los ojos de malicia, me dijo en voz baja:
"Tu abuela le entregó un ramo de rosas a Pinochet cuando vino a Cañete."
Yo lo negué, por supuesto, sonriente ante semejante animalada.
"Si, de verdad. Eran bonitas. Se las dio a Pinochet en el Teatro Municipal. Lo vio todo el mundo."
Palidecí y me despedí. Me subí en el primer bus que iba a casa y corrí el kilómetro de camino que me separaba de ella, rogando que todo fuera un embuste. Mi abuela era comunista y su padre un
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