Jesus, Mahoma, Marx, Hitler y Freud fueron exitosos porque sus ideologías respondían cabalmente, cada una en su época, a las necesidades míticas o fantasiosas de pueblos sometidos y humillados, sea de obtener redenciones milagrosas o de explicar los orígenes del mal y los de sus frustraciones colectivas.
Sus mitos encontraron en la humillación y el sufrimiento el terreno abonado para ser adoptados por las distintas sociedades, y se instalaron en ellas como paradigmas o directrices de la cultura y la civilización, dirigen -valga la redundancia- la civilizacion occidental cristiana, la musulmana y la judía, en las clases cultas y en las populares, de modo que la moral, los valores y los determinantes de las conductas humanas están fundadas en estos mitos reivindicativos, en paradigmas absolutamente fantasiosos, liberadores mentirosos del sufrimiento, que no pueden dar una respuesta orientadora a la vida humana y mantienen por tanto el sufrimiento de la desorientación vital.
La humanidad no reconoce su valor personal, su destino, y deambula entre los malls, el consumo, la soledad, los espectáculos, y en el mejor de los casos, en el sexo, desarraigada de su ser y de su naturaleza.
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