
Le costó despegar su frente adosada al vidrio, el calor la humedecía como medusa.
Ya la habían sacado dos veces del restaurante. La primera le pareció raro que todos estuvieran resfriados.
La segunda pensó, tanta gente asustada, debe ser caro comer aquí... pero no hay una sola mesa libre y se dejó llevar fuera.
Lo intentaría de nuevo, quería dejarles un calendario. (Leer más)


