Lamentablemente
los antigripales alcohólicos son de corta duración en mí, por lo que el olvido
regalado pasa más rápido de lo deseado. No sufro de dolores de cabeza o de
estómagos del día después – jamás -, que alarguen mi distracción.
Mi resaca consta, a lo más, de arrepentimiento o remordimiento de perder el tino de callar. Pero jamás de la excusa de la mala interpretación de mis palabras o de su negación. Soy congruente a mis palabras tanto en desesperación, como en frialdad. Tanto ebrio, como sobrio, soy de tomo y lomo. (Leer más)







