A Jaime González Coliville lo conocí hace más o menos un años atrás, cuando recorríamos la región del Maule haciendo talleres para El aMaule con mi amigo Osvaldo Yáñez. Él insistió en pasar a Villa Alegre, un pueblo de la Región lleno de naranjos y de casas chilenas que me reveló la belleza del valle central que, hasta entonces, me era transaparente.
Fuimos a la Municipalidad a reunirnos con este señor, que para mí no era nadie. Osvaldo me decía que teníamos que conseguir que se hiciera corresponsal, que sería un tremendo aporte para el diario. Entramos a su oficina. Un atípico espacio de secretario municipal: libros al por doquier, miles de hojas sueltas, galvanos y reconocimientos colgados de la pared y un caballero sumergido en textos, escritos y uno por escribir en la pantalla del computador.
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