[Amado de Mérici] [Más que pensar en las dificultades que los perros de la calle presentan a veces a los humanos, debemos pensar en una reformulación de nuestra relación con los animales que se base en el reconocimiento de su derecho a la vida.]
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Los perros que se hallan en las calles son, en ese orden de importancia, perdidos y abandonados. En general, los que viven en la calle no son perros felices. Pese a que la mayoría de ellos cuenta con madrinas y padrinos (tutores, y las que llamamos cariñosamente viejas locas) que los alimentan, sanan de sus enfermedades y vacunan regularmente, se trata de perros que viven bajo un enorme estrés, primero por los terribles y cotidianos riesgos que corren (de ser agredidos por humanos y otros perros, de morir atropellados, de contraer enfermedades) y, luego, porque su destino natural es una familia humana que, aparte protección, les proporcione compañía, cariño y una función en el seno del grupo familiar -que son cosas que esperamos todos los mamíferos.


[Municipalidad recoge perros de la calle sin motivos justificados. Es increíble la mala fe y la arbitrariedad en la interpretación del último dictamen de Contraloría de parte de las autoridades, y confirma el 

Es fácil determinar en este dictamen (69752, titulado ‘Sobre control y
Pude leer la respuesta que envió la oficina de la presidencia a una animalista que escribió a la presidenta una carta protestando por la ley que permitirá a las municipalidades aplicar la eutanasia como método de control de la población canina. Estamos hablando de la indicación substitutiva enviada por el Ejecutivo para el proyecto de ley 6499-11, en el que, sorprendentemente -porque va contra el espíritu original del proyecto-, faculta a las municipalidades para deshacerse de perros vagos recogidos de las calles mediante su adopción, venta en subasta o su eliminación.
Quizá en ningún otro lugar queda tan en claro como en Playa Ancha, que no se puede pensar la historia social de Chile sin incluir a las mascotas de sus habitantes. La historia de los barrios es impensable sin los perros callejeros, que las autoridades llaman habitualmente perros vagos y que se vienen esforzando por erradicar de nuestro paisaje urbano recurriendo a argumentos de salud pública y a la estricnina y otros venenos. La población resiste y se organiza para defenderlos. Y ha creado espontáneamente formas alternativas de relación con los animales que se cuentan ahora entre los elementos centrales de la cultura y de la identidad porteñas.
El 









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