Quizá en ningún otro lugar queda tan en claro como en Playa Ancha, que no se puede pensar la historia social de Chile sin incluir a las mascotas de sus habitantes. La historia de los barrios es impensable sin los perros callejeros, que las autoridades llaman habitualmente perros vagos y que se vienen esforzando por erradicar de nuestro paisaje urbano recurriendo a argumentos de salud pública y a la estricnina y otros venenos. La población resiste y se organiza para defenderlos. Y ha creado espontáneamente formas alternativas de relación con los animales que se cuentan ahora entre los elementos centrales de la cultura y de la identidad porteñas.
El Mercurio de Calama nos vuelve a sorprender con un artículo, en la edición online, en la que se lee: "¿Se deben sancionar a quienes envenenan a los perros callejeros?". Inmediatamente debajo de esta pregunta, leemos: "De la forma que lo están haciendo no". Para leer el resto de la nota, tienes que pinchar el título, o leer el texto.
Este diario ha empezado hace un tiempo con una serie de preguntas de este tenor, casi al borde de lo que se puede considerar un delito. En una ocasión anterior, preguntaron a los lectores si les parecía delito matar a los perros de la calle.
Según El Mercurio de Calama, ayer [3 de septiembre de 2008] fue atacada una mujer de esa ciudad por una "jauría de perros salvajes". Bajo el título ‘Mujer salvó con vida de feroz ataque de jauría en La Cascada', el diario informaba sobre las heridas sufridas por la mujer, y agregaba sabihondo: "Al hablar sobre los problemas sociales que aquejan a Calama, uno de ellos es, sin duda, la cantidad de perros vagos que deambulan por todas las calles céntricas y periferia de la ciudad". De acuerdo con el escritor del artículo, "el problema no es menor ya que en varios casos se están registrando ataques a los transeúntes que en diversos puntos de Calama se encuentran con estas pandillas caninas".


