Hace unos días se podía leer en una página web animalista que la Congregación de la Divina Providencia de Antofagasta preparaba, en vísperas del traslado del convento a otro lugar, el "exterminio" de los gatos que en los últimos años venía recogiendo de la calle la hermana Orietta Copmman. Se trataba de unos cincuenta gatos. La congregación, según la hermana, se proponía fumigar el local, y le daban plazo para encontrarles hogares adoptivos. Le preguntan a la religiosa qué piensa sobre el exterminio y responde de modo tal que parece corroborar las malvadas intenciones de las otras reclusas. El presunto plan de fumigación se convirtió en plan de exterminio.


Una 

Quizá en ningún otro lugar queda tan en claro como en Playa Ancha, que no se puede pensar la historia social de Chile sin incluir a las mascotas de sus habitantes. La historia de los barrios es impensable sin los perros callejeros, que las autoridades llaman habitualmente perros vagos y que se vienen esforzando por erradicar de nuestro paisaje urbano recurriendo a argumentos de salud pública y a la estricnina y otros venenos. La población resiste y se organiza para defenderlos. Y ha creado espontáneamente formas alternativas de relación con los animales que se cuentan ahora entre los elementos centrales de la cultura y de la identidad porteñas.









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