Incesante encierro de mil años entierro en mi alma indómita,
acongojada de terror consagrado en la codicia.
Aplastante el deseo de sabiduría en indulgencia,
tratados de soledad
Incondicional obsequio no querido,
trémula píldora de momentánea iluminación.
Encierro eterno
por una maldición original
de un fruto insostenible en la blancura Dios.
Agasajo mis sentidos, entorpecidos por la hipotética angustia que
marca la eterna sed de inconformidad.
Triste luminiscencia que guía mis pasos,
o son mis pasos que recorren tu interminable camino de inalcanzable velocidad.
De momentos he recordado no comprender y he vuelto a nacer.





















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