
El
beso-rancio-sin-copete es la plena demostración de una prostitución
conciente de sí misma; como la sillicidad de la silla, hablamos de la
prostituidad de la prostitución, pero obvio tiene un camuflaje, el
traje warrior que dice: "weón no oh, na que ver, si un puro beso nomás".
Para
estos propósitos no concientes -por ser una decisión indirecta: un
beso-, la actividad económica más importante durante la época arcaica
de las polis griegas se ha convertido hoy en un fetiche social. Una
habitación, una cama, preservativos y una luz roja bastan para montar
un burdel, sentencia la International Sex and














Comentarios recientes
hace 6 mins
hace 1 hora 50 mins
hace 5 horas 40 mins
hace 15 horas 45 mins
hace 16 horas 18 mins
hace 19 horas 12 mins
hace 19 horas 38 mins
hace 22 horas 50 mins
hace 23 horas
hace 23 horas 37 mins