Embriagado de mil copas una imagen femenina encandiló mi pupila. Sus pechos proclamaron mi cantar de cantares y el matiz del instinto entonó la lujuriosa sinfonía. Blanca degustaba la anónima copa de Merlot, mientras yo en la penumbra despunté el adjetivo, arma letal de conquista pasajera, palabra puente a su lecho rosa.
En vilo cual serpiente fijé la mirada en el cuello de la víctima. Un perfume celeste fraguó el torbellino, su aroma ligero empalagó el olfato trastocando mi sentido.
Entre ondulaciones del cabello en llamas, mi estrategia sucumbió a la danza del calipso cristal donde el acuoso metálico del
(Leer más)














Comentarios recientes
hace 4 horas 57 mins
hace 5 horas 8 mins
hace 5 horas 26 mins
hace 7 horas 10 mins
hace 11 horas
hace 21 horas 5 mins
hace 21 horas 38 mins
hace 1 día
hace 1 día
hace 1 día