Para
dirigir nuestras vidas, hemos de reconocer nuestro potencial, cuidarlo,
nutrirlo, utilizarlo y expresarlo. Así permanecemos despiertos y dejamos de
culpar, de quejarnos y de poner excusas.
Asumimos nuestra responsabilidad y mantenemos una actitud de agradecimiento. No nos acomodamos en zonas de pereza. (Leer más)



