Según una leyenda china del siglo X, el emperador Li Yu ordenó a su concubina favorita vendarse los pies con cintas de seda y bailar sobre una plataforma que tenía esculpida una flor de loto. Lo cierto es que las bailarinas de palacio empezaron a vendar sus pies en el siglo X con el objetivo de realzar la gracia de sus movimientos. De la corte se extendió a las clases altas y en el siglo XVI se popularizó por todo el territorio chino y en todas las clases sociales como respuesta al intento de la Dinastía Manchú de prohibirlo. Con






Cuba huele. Y no es que me haya contagiado con el escritor de ese best seller llamado El Perfume. 










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