De las cenizas de los clubes de fútbol renació la legitimidad política del Gobierno de los Kirchner. O eso quisieran ellos. El último fin de semana la televisión pública, el Canal 7, lideró la audiencia de la televisación futbolística. Se lo sustrajo a una empresa del Grupo Clarín, y profundizó una guerra.
Fue un paisaje inédito y festejado: volver a ver los partidos de fútbol en TV abierta. Adiós a los decodificadores, a los abonos a veces abusivos de los cableoperadores. El fin de un monopolio que pagaba muy poco a los clubes por los derechos de emisión. A


















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