De qué me sirve ganar el mundo entero, si al final pierdo mi alma, dijo Jesús, frase famosa que demuestra que la ética tiene un sentido práctico, que es a qué me conducen mis acciones,
Otra forma de ética, profundamente equivocada, es la valoración de las conductas que se hace desde la emoción y la intuición que miran a ciertas conductas como un ideal hermoso, sólido, limpio, como por ejemplo las conductas heroicas, valientes, las de olvido de sí mismo, las que denotan sacrificio, esfuerzo y renuncia.
Este tipo de valoraciones hermosas corresponden a una ética mística o fundamentalista que la experiencia demuestra como atrozmente dañina e inconducente para el individuo y para su entorno social. Corresponde a la ética de los hombres "bombas".
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