Liberalismo de Tómbola

Enviado por Amado de Mérici el 07/09/2008 a las 14:10
Amado de Mérici

Hace dos años publicaba Eugenio D' Medina Lora un llamado a renovar el liberalismo latinoamericano, y en particular el peruano (Liberalismo viable). El fracaso de los liberales -donde los haya- en la vida política latinoamericana lo atribuye él a una estrategia de comunicación fracasada y al autismo de sus líderes. Mientras que los modelos liberales en economía -que el autor olvida que impusieron a sangre y fuego las poco liberales dictaduras militares- se extienden por América Latina, el discurso liberal en política es derrotado una y otra vez en las urnas.

D'Medina Lora reprocha la pusilanimidad de los liberales. Pareciera que los liberales han simplemente perdido su identidad. Sin embargo, ha de considerarse que con el liberalismo, cuyos principios en economía defienden ahora incluso los socialistas, está pasando lo que pasó con el marxismo, que muchos de sus conceptos fueron de tal modo incorporados en la sociología, la historia y la economía general que ahora muchos de los que utilizan esas perspectivas de análisis ni siquiera están conscientes de su origen. Muchos conceptos marxistas han sido incorporados al bagaje intelectual general de nuestra época. La defensa de las libertades individuales, los derechos humanos y la democracia son igualmente premisas ideológicas que ya no pertenecen únicamente a las tendencias liberales. Igualmente, la defensa de la sindicalización y el salario mínimo, de la vivienda social y la educación subvencionada tampoco son, hoy por hoy, reivindicaciones exclusivamente socialistas.

El mutismo y pasividad de los liberales en el continente también puede explicarse por el pudor que sienten sus líderes más decentes, por su pasada colaboración con las dictaduras militares, como es, al menos, el caso en Chile. Hoy, los liberales -un pálido reflejo de los liberales de antaño- trenzan alianzas con partidos y movimientos ultra-conservadores y de extrema derecha e incluso neo-nazis comprometidos hasta el tuétano con las dictaduras, los estados de excepción y las más escabrosas violaciones a los derechos humanos. Tal es la miserable alianza entre los liberales de Renovación Nacional y el partido de la extrema derecha, la Unión Demócrata Independiente, que sigue defendiendo a la dictadura chilena, a pesar de -y quizás debido a- las numerosas y probadísimas violaciones a los derechos humanos.

¿Cómo podrían los liberales de Renovación Nacional convencer a los chilenos de que son en realidad liberales? Actualmente no convencen a nadie. Pese a la posición de algunos de sus dirigentes, RN sigue oponiéndose a las reformas constitucionales que son necesarias para eliminar el sistema binominal, que es el principal obstáculo para el retorno al país de un sistema político verdaderamente democrático. El sistema binominal, que es como se elige a senadores y diputados en Chile, es una farsa humillante y tan alejada de la democracia como las llamadas democracias populares de antaño.

En el terreno de los derechos humanos, sus relaciones y pactos con el partido del Mal (la Unión Demócrata Independiente) desvirtúan su declaración de principios y otros gestos. Se han opuesto a la ratificación de importantes tratados internacionales en materia de derechos humanos, en particular a la del Estatuto de Roma, que fundó la Corte Penal Internacional para juzgar subsidiariamente los delitos de genocidio, lesa humanidad y crímenes de guerra. También han obstaculizado la ratificación de los tratados contra la desaparición forzosa y otros pactos internacionales para la protección de los derechos humanos. Esos tratados son indispensables para promover el imperio del derecho internacional, en cuya expansión la historia de Chile tuvo justamente un papel tan importante.

En otros temas los liberales de Renovación Nacional francamente son indistinguibles de los conservadores más atávicos. Nunca he oído nada dicho por un liberal de estos, ni leído nada escrito por alguno de ellos repudiando, por ejemplo, la increíble e injustificada violencia con que reprime la policía manifestaciones sociales, casi siempre pacíficas. Nada han dicho sobre el hecho de que el gobierno socialista permita que los carabineros utilicen armas de guerra en la represión de manifestaciones políticas e incluso en conflictos sociales, como durante la campaña contra los mapuches. Nunca les he oído condenar las torturas y asesinatos cometidos por la policía contra activistas políticos y sociales. Jamás han condenado la salvaje violencia con que efectúan los policías allanamientos en barrios pobres. Ni la práctica decididamente totalitaria de allanar barrios enteros, para lo cual las fuerzas policiales rodean las barriadas durante la noche hasta entrada la madrugada, tratando a los habitantes prácticamente como enemigos de guerra.

Al contrario, pierden el tiempo redactando proyectos de ley tan insignificantes, irrelevantes y poco prácticos como el recientemente discutido proyecto para prohibir -una vez más, porque el delito ya existe en el Código Penal- y sancionar el maltrato de palabra a carabineros y miembros de las fuerzas policiales.

¿Liberales? En el resto del mundo los liberales defienden las libertades individuales. Entre las causas más típicas de los liberales se encuentra, por ejemplo, el rechazo a la intervención del estado en lo que se considera el fuero íntimo de las personas y el concomitante derecho a decidir libremente sobre el uso de drogas. Acá, los liberales apoyan las medidas más represivas, injustas y estúpidas imaginables en cuanto a la represión de las drogas no producidas por los barones liberales mismos -las llamadas drogas ilícitas, pues las legales, como el alcohol, son incluso promovidas por el estado y son probablemente producidas por los que lo manejan.

Los liberales, en otras partes del mundo, defienden la libertad sexual y la libertad de expresión. Defienden cosas como el derecho a que las mujeres puedan ejercer el sacerdocio en las instituciones religiosas y luchan por la igualdad entre los sexos. En otras partes del mundo luchan por el respeto y contra la discriminación de las minorías sexuales, por la legitimidad del matrimonio homosexual y por el derecho a reconocer a esas uniones los mismos derechos que las uniones heterosexuales -con derecho a pensión, a vivienda, a planes de salud. En otros continentes pertenecen a los liberales las causas básicas de defensa de cosas como el salario mínimo y la sindicalización, porque entienden que el estado debe intervenir en protección de los grupos más desvalidos -aquí estos liberales de pacotilla se burlan incluso de la más que razonable propuesta de Monseñor Goic de fijar un salario ético.

¿Qué queda, pues, de los liberales chilenos? Un liberalismo que desecha sus principios fundamentales -que son los derechos del hombre, las libertades individuales y la democracia como sistema político- y que sólo recoge como credo supremo la libertad económica, entendida esta más bien como el derecho a la codicia, al robo y a la explotación (pues en Chile se funda en las privatizaciones decretadas durante la dictadura -método con el cual se enriquecieron los actuales líderes e ideólogos del liberalismo), la prohibición y persecución del sindicalismo y la mantención de un régimen laboral que permite la explotación despiadada de los trabajadores, que como el derecho al libre ejercicio de actividades económicas, no es realmente lo que pretende ser.

Y, sí, D'Medina Lora tiene razón cuando destaca que hoy las tendencias antiguamente totalitarias -que defendían y propugnaban la revolución armada para fundar una dictadura del proletariado con un sistema político unipartidista- son las que defienden los principios que los liberales abandonaron: la democracia, las libertades individuales y los derechos humanos. Él cree que es el mundo al revés. Yo creo que, simplemente, las cosas cambiaron. La derecha latinoamericana no estuvo nunca asociada ni a la democracia ni a los derechos humanos. Al contrario, quien dice derecha dice golpes de estado y dictaduras, matanzas y ejecuciones extrajudiciales. La derecha -entre ellos los liberales- rara vez se ha destacado en la lucha por las libertades. Y ha logrado reunir en torno suyo a la escoria de nuestras sociedades -léase elementos fascistas y neonazis.

Esto no es liberalismo ni aquí ni en la Cochinchina. En Chile el liberalismo desapareció en 1973, engullido por la fuerte convulsión social que vivió el país. Se enterró con Guillermo Feliú Cruz, el último gran ideólogo liberal que tuvo Chile y que rechazaba en duros términos la campaña reaccionaria contra el gobierno de Salvador Allende. El apoyo que prestó el liberalismo de izquierda al gobierno socialista finalmente significó su exclusión de la vida política. El liberalismo que ha surgido posteriormente es un liberalismo de derechas, carente de tradiciones históricas y carente igualmente de principios sólidos. Un liberalismo hecho a la medida de oportunistas, filibusteros y ladrones que se enriquecieron a la sombra de la Bestia. Canallas que guardaron silencio durante la mayor parte de la dictadura, tan ocupados estaban en su propio e ilícito enriquecimiento.

El liberalismo chileno se parece más al colombiano que a cualquier otra cosa, al liberalismo de gentes como Álvaro Araújo Noguera, el ex canciller de Álvaro Uribe y prófugo de la Justicia que acaba de ser detenido en Venezuela (véase La Nación). Este prócer del liberalismo era buscado por la justicia de su país por sus lazos con las milicias paramilitares, el secuestro de un candidato que le hacía problemas y por extorsión. Como se ve, un liberal ejemplar, protegido de un presidente autoritario -Álvaro Uribe- investigado por su participación en una matanza de campesinos y por sus lazos con los criminales paramilitares. No sorprende que el cabecilla de los liberales chilenos -Sebastián Piñera- lo admire tanto.

¿Cómo podría un liberal felicitarse de que un gobierno bombardee a los opositores que han tomado las armas, en lugar de recurrir a métodos policiales normales y decentes de un estado de derecho para llevarles a justicia? ¿Cómo felicitar a un presidente con reconocidos lazos con bandas de asesinos a sueldo encargados de exterminar a los dirigentes sindicales? ¿Quién podría felicitar al presidente de un país donde una parte considerable de la población vive en la extrema pobreza y donde el presidente mismo se ha enriquecido recurriendo a prácticas como la expropiación ilegal de tierras campesinas?

En Chile los llamados liberales son más falsos que Judas. Son liberales de kermes y tómbola.

[La imagen es una caricatura intervenida de Kevin Kallaugher].


[mérici]

Sitios que enlazan este artículo:

¿Liberales o libertinos?

Enviado por el 07/09/2008 a las 02:52 PM
Enrique Ernesto Lavin Orellana

...porque no es lo mismo.

Los liberales pregonamos el laicismo, la equidad, la igualdad de oportunidades, la tolerancia, el respeto por la persona humana.

Sin consideraciones dogmáticas, sin atavismos sectarios, tratando de ser consecuentes con el bien común.

Ver artículo enmendadoliberal.

(Del lat. liberālis).

 

1. adj. Generoso, que obra con liberalidad.

2. adj. Dicho de una cosa: Que se hace con liberalidad.

3. adj. expedito (pronto para ejecutar algo).

4. adj. Dicho de un arte o de una profesión: Que ante todo requiere el ejercicio del intelecto.

5. adj. Inclinado a la libertad, comprensivo.

6. adj. Partidario de la libertad individual y social en lo político y de la iniciativa privada en lo económico. U. t. c. s.

7. adj. Que pertenece a un partido político de este nombre. U. t. c. s.

8. adj. Se decía antiguamente de cada una de las disciplinas que componían el trivio y el cuadrivio.


¿Existen los liberales chilenos?

Enviado por el 07/09/2008 a las 03:05 PM
Amado de Mérici

No sé a qué o quiénes se refiere con "libertinos", si a los liberales que privilegian la búsqueda del lucro y la codicia por encima de toda otra consideración o si a los liberales que defienden las libertades individuales. Los codiciosos podrían ser llamados libertinos, porque su filosofía es la búsqueda del placer. Pero la acumulación tiene algo de enfermizo -y no quiero mencionar a Freud! ¿Los defensores de las libertades individuales podrían ser llamados libertinos también?

Los liberales chilenos, de la estirpe de Feliú Cruz (del que fui alumno), no se parecían pero en nada a los llamados liberales de hoy. Estos de hoy son una caricatura (no me refiero a usted; me refiero a los de RN).

¿Dónde vio usted a liberales defendiendo la brutalidad policial, liberales que callan ante la tortura y los abusos, liberales que aprueban que el estado intervenga y decida sobre las opciones privadas de los ciudadanos, liberales que rechazan el salario mínimo, liberales que defienden un sistema -el binominal- que es una farsa y una burla de la democracia?

No sé. Yo, a los liberales de RN me cuesta tomarlos en serio. En realidad, son conservadores. No sé porqué se definen como liberales. ¿Fue en buen tono alguna vez?

Ya sabe usted que el liberalismo de mi preferencia es el social. Era el liberalismo de Feliú Cruz. Ese liberalismo, siempre más cerca de la izquierda que de la derecha, desapareció. Hoy casi ni se le recuerda.

Saludos,


Amado, te insisto....

Enviado por el 07/09/2008 a las 04:41 PM
Enrique Ernesto Lavin Orellana

...me encuentro entre los liberales de pensamiento. No pertenezco a organización política alguna. Tengo la capacidad, voluntad y libertad de criticar sin miramientos sectarios ni banderías políticas.

Pueda que sea un quijotismo, pero en él me siento cómodo y tranquilo conmigo mismo.

Que los muchos se aglomeren para, en definitiva, entregar el gozo del poder a sus dirigentes. Dejen a unos pocos que griten fuera para alentar sus promesas.

Saludos. 


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